¿Y si el miedo está tomando decisiones por ti?
Últimamente me ha sucedido algo curioso.
En diferentes momentos, lecturas, conversaciones, videos y reflexiones me he encontrado una y otra vez con el mismo tema: el miedo.
Cuando un tema aparece con tanta frecuencia frente a mí, suelo prestarle atención. Y en este caso me ha llevado a preguntarme cuánto influye realmente el miedo en nuestra vida cotidiana.
Porque todos tenemos miedos.
Miedo a enfermarnos, a perder el trabajo, a equivocarnos, a quedarnos sin dinero, a que algo les suceda a nuestros hijos, a empezar de nuevo, a decir lo que pensamos, a tomar una decisión y después arrepentirnos.
Y también tenemos algunos miedos menos trascendentales: hablar en público, subirnos a un avión, ir al dentista… o abrir el estado de cuenta de la tarjeta después de las vacaciones.
El miedo forma parte de nuestra vida y, en realidad, no es malo.
Es un mecanismo natural que durante miles de años nos ha ayudado a sobrevivir. Si nuestros antepasados veían acercarse un animal peligroso, no era momento de analizar tranquilamente la situación. Había que reaccionar.
El problema es que hoy no tenemos un tigre persiguiéndonos todos los días. Pero nuestra mente puede reaccionar como si lo tuviéramos.
Una llamada inesperada.
Un estudio médico.
Una dificultad económica.
Un cambio en el trabajo.
Una decisión importante.
Incluso algo que todavía no ha sucedido puede provocar en nosotros preocupación, angustia y miedo.
Y aquí viene algo interesante:
Muchas veces no tenemos miedo de lo que está sucediendo, sino de lo que imaginamos que podría suceder.
Nuestra mente comienza a fabricar escenarios:
“¿Y si sale mal?”
“¿Y si pierdo mi dinero?”
“¿Y si me enfermo?”
“¿Y si no soy capaz?”
“¿Y si fracaso?”
Lo curioso es que algunos de esos escenarios jamás llegan a ocurrir. Sin embargo, el miedo que sentimos sí es real. Y puede influir en nuestras decisiones.
A veces nos hace postergar algo importante. Otras veces nos lleva a permanecer donde ya no queremos estar. Nos impide intentar algo nuevo, tener una conversación necesaria, iniciar un proyecto o aprovechar una oportunidad.
Por eso últimamente me ha interesado mucho este tema.
Porque quizá la pregunta no sea: ¿Cómo puedo vivir sin miedo? Probablemente eso sería imposible.
Tal vez una mejor pregunta sea: ¿Cómo puedo evitar que el miedo decida por mí?
Y todavía hay una pregunta más interesante: ¿De dónde vienen nuestros miedos?
Algunos nacen de experiencias que hemos vivido. Otros de lo que aprendimos en nuestra familia, de nuestra educación o de experiencias que incluso hemos olvidado conscientemente, pero que siguen influyendo en nuestra manera de reaccionar.
Por eso te propongo un pequeño ejercicio.
Durante los próximos días, cuando tengas que tomar una decisión, pregúntate:
“Si no tuviera miedo, ¿qué haría?”
No significa que debas hacerlo. Simplemente observa tu respuesta.
Quizá descubras que detrás de algunas decisiones aparentemente muy racionales hay un miedo escondido haciendo horas extras.
Y reconocerlo ya es un buen comienzo. Porque sentir miedo es humano.
Pero dejar que el miedo dirija nuestra vida… es otra cosa.
